19 de enero de 2018

Parpadeo

Parpadeo. Theodore Roszak. Editorial Pálido Fuego, 2017
Traducción de José Luis Amores
Estupenda novela confeccionada a base de pura intriga y con los flecos sueltos de la historia del cine, eminentemente norteamericano, pero no sólo. Personajes dibujados con acierto y desenlace gradual. Una lectura de evasión reconfortante.

Calificación: ****/*****

El Mesías de Estocolmo

El Mesías de Estocolmo. Cynthia Ozick. Montesinos, 1989
(No consta el nombre del traductor)
Confieso que conocí la literatura de Cynthia Ozick relativamente tarde; además he olvidado si fue la lectura de una reseña o porque me llamó la atención la portada, pero sí que recuerdo perfectamente el libro en cuestión, Cuerpos extraños (Foreign Bodies, 2010), la edición de Lumen de febrero de 2013 de la traducción de su última novela publicada hasta el momento. Después de ese "descubrimiento", he leído algunas obras más pero no toda su producción -en cuanto a novelas, sólo ha publicado seis-, no tanto porque no esté disponible en castellano como para evitar la sensación, cuyo efecto comparte con otros escritores, de que no me queda ya nada debido a su pluma por leer. Sin embargo, esa dilación, que se asemejaría a la "delectatio morosa" de San Agustín, quedó suspendida cuando, efectuando un repaso de los libros pendientes de leer, vi la dedicatoria de El Mesías de Estocolmo (The Messiah of Stickholm, 1987):
"A Philip Roth"
Ozick y Roth comparten, en mi experiencia lectora, la sensación de exigencia intelectual al que se sumerge en sus páginas, no tanto porque sus tramas sean inextricables ni su sintaxis de difícil descifrado como por la atención que me exigen, como lector, para captar todos los matices, explícitos y ocultos, de su prosa.
"No todo el mundo tiene por qué existir."
Lars Andemening es un crítico -y muy literario él mismo- sueco, doblemente divorciado y solitario, autor de una columna de crítica literaria en un periódico de segunda de Estocolmo, afectado por una extraña fijación por Europa Central. Lee solamente autores de esa parte del mundo, y ha decidido, dada su práctica orfandad, adjudicarse un padre: Bruno Schulz.
"No era su hermana; él no tenía hermana ninguna, ni padre, ni vínculo alguno con el apellido de su madre. Se había dado un nombre en secreto: Lazarus Baruch. ¿Quién iba a decirle lo contrario, quién iba a negarle aquellos emparejamientos, aquellos enredos? Y, a través de adivinaciones de diccionario y de desplazamientos cabalísticos: Lars Andemening. ¿Quién iba a impedírselo? Gozaba de la aterradora libertad de elección que sólo tiene el huérfano. Podía convertirse en lo que le diera la gana; nadie podría prohibírselo, podía escoger su propia historia. Podía escoger y podía renunciar. Era aterradoramente, horrorosamente libre."
A partir de esa ficción de filiación, Ozick acompaña a su protagonista en la búsqueda  de datos desconocidos relativos a Schulz: documentos inéditos, testigos presenciales de algunos episodios de su vida y, particularmente, el rastro perdido del texto de la que había de ser su obra maestra, El Mesías. Entre la galería de personajes, lo suficientemente estrafalarios como para que resulten verosímiles, Ozick pone en escena a la señora Eklund, librera de lance de aviesas intenciones, con la que Lars mantiene una pugna, que se convertirá en uno de los hilos principales de la novela,  relacionada con Schulz: ambos encaran la investigación a partir de dos puntos de partida distintos, sino divergentes -en una reproducción de la (pen-)última rivalidad de la crítica académica-: una, es partidaria de rebuscar en documentos personales, declaraciones de testigos, documentos oficiales y cualquier fuente secundaria que dé razón, aunque sea tangencialmente, de Schulz; el otro, en cambio, pretende limitarse  a la información que pueda destilarse de los textos de creación del polaco.

El tema que se pone en discusión es el referente a la herencia, al legado, y la cuestión que pasa a primer plano es la polémica acerca de qué parte de nuestro acervo es heredado, involuntario, nos viene impuesto por una herencia que no hemos escogido; qué responsabilidad tenemos respecto de la preservación y comunicación a las generaciones futuras; hasta qué punto esa herencia es modificable, adaptable al heredero, en definitiva, manipulable, hasta conseguir hacérsela suya; incluso hace intuir la cuestión acerca de quién es el encargado de preservarla, si un familiar directo, aunque no esté interesado en ella, o un individuo ajeno pero con la suficiente preparación para llevarla a cabo. 
"Sobre la Academia, flotando en el cielo nocturno, meciéndose, posado entre los copos de nieve, Lars vio, o casi llegó a ver, el cuerpo de su padre, en absoluto un esqueleto... una aparición incandescente, ondeando en la luz, henchido, pues la luz estiraba la piel de su padre hasta dejarla en la más pálida transparencia. Ese padre-globo, del que se desprendía aquella luminosidad, pues la luz se derramaba por las esquinas de la calle desde su cuerpo hinchado, iba a la deriva, inmerso en un flujo inmaculado, blanco, con el cual se entreveraba. Al principio, un borrón, luego una mancha, luego la blancura: sobre los tejados de la Academia hubo sólo un chorro de puntos y comas de nieve que descendía entre resplandores."
Posteriormente, tiene lugar la aparición de Adela, nombre de un personaje de Las tiendas de color canela, que se presenta como hija ilegítima de Bruno Schulz -por tanto, hermana teórica de Lars- y de una de sus modelos, que está en posesión del único ejemplar del manuscrito de El Mesías, la obra perdida de su padre. Ese encuentro constituye el hilo conductor de la segunda parte de la novela, y las vicisitudes del documento y de los personajes relacionados con este el grueso de la trama.

El Mesías de Estocolmo deviene, finalmente, en un tratado sobre la impostura: Lars, que se considera fraudulenta y conscientemente, hijo de Bruno Schulz, es abordado por Adela, que se reivindica también falsamente como hija del escritor, con la inestimable complicidad de Heidi, una librera también impostada, y de un supuesto Dr. Eklund, nombre también falso bajo el que se oculta un inmigrante centroeuropeo, en el papel de experto en literatura y en manuscritos perdidos, para facilitarle una obra que no existe. De este modo, cada personaje adopta el rol que él mismo se ha atribuido, independientemente de la veracidad de los elementos que componen el fraude, veracidad que todos ellos rehusan pero que acuerdan, implícitamente, para mantener viva la ficción, en un proceso sospechosamente parecido al que se ve envuelto el lector de ficción cada vez que aborda un texto.
"Era su abogado, había tomado partido por él. Aquello era como un juego, como una pieza teatral. Estaba en un teatro. Lars se sintió oculto. Tras un proscenio cubierto por el telón -sólo que el telón estaba sellado y le impedía franquearlo- se desenmarañaba un drama rabioso e ininteligible. Ni siquiera en calidad de testigo podría ocupar un lugar racional dentro de la trama. ¿Qué es lo que iba a ser, ya que no el hijo de su padre? ¿Y ella, la hija, aquella hija falsaria? De pronto, el autor de El Mesías ya no era el padre de nadie. ¡A lo que había renunciado Lars! Una capitulación: se había rendido ante el relato de la hija falsa. Ya no tenía un relato sólido en el cual apoyarse, tan sólo su sangre soliviantada. El de ella era tan probable como cualquier otro en el atroz desierto que fuera Europa cuarenta años atrás. Todos los cuentos tenían su punta de plausibilidad. Lars tenía... ¿qué tenía? Su vieja certidumbre, nacida de su propia carne, como una uña. Se la arrancó. Se había quedado desprovisto de verosimilitud. ¿Que ella no era hija de nadie? Entonces, razón de más, él no era hijo de nadie en absoluto."
La forma en la que se materializa la impostura es el plagio. El plagio chistoso, la cita sin entrecomillar, ese texto cuyo defecto notarán solamente los entendidos, o los implicados, pero que para el común de los lectores o pasará desapercibido o será loado como fruto de la más brillante inspiración, pero que los críticos dudarán si desenmascarar, no sea que remojando el polvo les manchen las salpicaduras del lodo resultante. O el plagio canallesco, el latrocinio premeditado, el engaño inexcusable: atribuirse la creación ajena, el mérito que no se ha merecido, el reconocimiento al que no se tiene derecho.

Pero para un verdadero experto en literatura no es difícil desvelar el fraude, una vez analizados todos sus elementos uno a uno y descartado el afán de descubrimiento, pero incluso ante esa situación, ¿podrá librarse de la pesadumbre, de la esperanza, de la remota posibilidad de que el documento descartado sea genuino?
"Con todo, de cuando en cuando, se daba el caso -aunque no con excesiva frecuencia- de que Lars se entristecía por su vida. No por haber fracasado en su tarea de purificarla. Tampoco a causa de la pérdida de El Mesías. Ni mucho menos por ser un huérfano de avanzada edad, ni por haber elegido al azar, entre las páginas del diccionario, un apellido que le cuadrase [...]. Cuando, cada vez con menor frecuencia, el olor [a quemado] brotaba de las hendeduras y los pliegues matinales, Lars vislumbraba, dentro de los estrechos corredores de su cráneo, al hombre de la levita larga y negra, a todo correr, apresurado, con una caja plana de metal bajo el brazo, a todo correr hacia las chimeneas. Y entonces, a la luz azul de Estocolmo, entre la humareda de las cebras al fuego, se apenaba."
Soberbio texto, uno más, de una escritora imponente, al que ni siquiera una traducción infame consigue restar ni un reflejo de su brillantez.

Calificación: *****/*****

Otros recursos relativos a la autora en este blog:
Notas de Lectura de El chal
Notas de Lectura de Cuerpos extraños
Fe de Lectura de Cuentos reunidos
Fe de Lectura de Los papeles de Puttermesser

18 de enero de 2018

Sentencia de muerte


El 18 de enero de 1918, a las 6:30 de la mañana, como resultado del juicio impulsado por Anatoli Vasílievich Lunacharski en el que fue juzgado y declarado culpable de crímenes contra la Humanidad, Dios fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento que disparó cinco ráfagas de ametralladora al cielo de Moscú.

15 de enero de 2018

Pórtico

Pórtico. Frederich Pohl. Ediciones B, 2017
Traducción de Pilar Giralt y María Teresa Segur
Cualquier intento de repaso de la literatura de ciencia-ficción producida en el último medio siglo, al menos en el ámbito occidental, debería incluir Pórtico (Gateway, 1977), un título imprescindible y completamente actual a pesar de los cincuenta años transcurridos desde su primera publicación; las referencias a la antigua civilización de los Heechee dio lugar a una de las series más exitosas e innovadoras de la literatura de anticipación, pero Pórtico, la primera secuencia -y, originalmente, independiente- de la serie, es una novela perfectamente cerrada y autosuficiente y uno de los hitos del género.

La acción de Pórtico se desarrolla en dos escenarios interrelacionados. En un pasado que se adivina reciente, Robinette Broadhead, un minero sin futuro, consigue, gracias a un premio de lotería, viajar a Pórtico, un asteroide en el que los Heechee, una civilización técnicamente avanzada, dejaron, en un pasado remoto, una serie de naves capaces de viajar a velocidades superiores a la luz e instrumentos evolucionados, la mayoría de ellos de valor y utilidad desconocidos y carentes de las instrucciones precisas. La Corporación, una empresa multinacional, explota Pórtico y contrata a los Prospectores para que viajen con las naves y se ocupen en hallar restos que puedan ser útiles; después de muchas dudas, Rob se asocia a una expedición tremendamente arriesgada. El otro escenario es la consulta de Sigfrid von Shrink, un psicoanalista cibernético, a cuya psicoterapia acude Rob y en cuyas sesiones, además de pasar revista, no demasiado airosa, a todos los tópicos freudianos, debe superar su sentimiento de culpabilidad por una acción terrible que cometió en la que fue su última expedición.

Lejos de las space operas y de la ciencia-ficción hard, Pohl introduce, en un cóctel armado a la perfección, el humor y la ambición para dar lugar a una de las más grandes novelas del género que he tenido la oportunidad de leer. Imprescindible para los aficionados, muy recomendable para los lectores en general.

Calificación: *****/*****

12 de enero de 2018

Recitativo

Recitativo, o la educación del poeta. James Merrill. Vaso Roto Ediciones, 2017
Traducción de Mario Domínguez Parra
Recitativo (Recitative, 1986) es un repaso detallado y razonado de los motivos y antecedentes de la obra del escritor norteamericano James Merrill, así como un volumen de reconocimientos de sus mentores poéticos, un verdadero homenaje a sus maestros: esclarecedoras entrevistas, realizadas en diferentes épocas, en las que se puede seguir su trayectoria estética -asombrosamente, más homogénea de lo esperable-, sus opiniones acerca de sus contemporáneos, y detalles de su juventud y sus inicios como escritor, unos fragmentos que, convenientemente editados, constituirían una magnífica autobiografía.

El punto en el que el texto alcanza sus mayores cotas de interés, al menos para este lector poco dado a los placeres de la poesía, son sus ensayos literarios, en los que Merrill combina asombrosas dosis de conocimiento y un afilado espíritu de análisis, y en los que es capaz de combinar nociones críticas de alto nivel intelectual -y estilístico- con una gran capacidad didáctica. Mención aparte, de entre las obras de creación incluidas en el volumen, para "Conductor", un relato extraordinario.

Calificación: ***/*****

8 de enero de 2018

El bosque oscuro. Trilogía Los Tres Cuerpos II

El bosque oscuro. Trilogía Los Tres Cuerpos II. Cixin Liu. PRH, 2017
Traducción de Javier Altayó y Jianguao Feng
En el segundo volumen de la aclamada Trilogía Los Tres Cuerpos, la Tierra avanza en los preparativos para enfrentarse a la invasión extraterrestre con graves disensiones entre los distintos países y sin unanimidad en la política de defensa, mientras los aliados terrícolas de los invasores, la Organización Terrícola Trisolariana, les preparan el terreno con métodos mesiánicos.

Debido a la capacidad de penetración de los trisolarianos en las comunicaciones, la estrategia defensiva se deja en mano de los Vallados, individuos que la desarrollarán en su mente, sin ningún soporte físico, y a los que se concede carta blanca en cuanto afecte a su cometido, que se centra en tres estrategias: la fabricación de una bomba estelar de hidrógeno, el desarrollo de un cerebro humano cibernético, y la emisión al espacio de una maldición. A partir de ese planteamiento, los preparativos para el enfrentamiento final toman dos caminos: la carrera científica y armamentística para desarrollar armas cada vez más potentes para encarar con algunas garantías la Batalla del Día del Juicio Final y la tarea de mantener en secreto las estrategias planeadas por los Vallados mediante la simple ocultación o con el uso de las más avanzadas técnicas de contraespionaje y desinformación.

Pero cuando todo parece preparado, Trisolaris ataca con lo que parecía una sonda enviada en misión de paz, aniquilando las defensas de la Tierra y anticipando la completa derrota de la Humanidad. La única oportunidad de supervivencia para la especie parece centrada en dos expediciones lanzadas más allá del Sistema Solar que han podido escapar de la debacle; pero también en la Tierra se mantiene viva la llama de la supervivencia como resultado de una estrategia tan imaginativa como inverosímil.

El bosque oscuro es literatura de pura evasión, pero de una factura excelente.

Calificación: ****/*****

Otros recursos relativos al autor en este blog:
Notas de Lectura de El problema de los tres cuerpos. Trilogía Los Tres Cuerpos I

5 de enero de 2018

Leyendas desde el pantano

Leyendas desde el pantano. Guadalupe Plata. Antonio J. Moreno, El Ciento.
Bandaàparte Editores, 2017
Uno, que lleva ya unos cuantos años en este negocio, recuerda con ternura los diversos apocalipsis del mundo del libro que preclaros profetas han ido vaticinando: que si un formato poco eficiente, que si ocupa mucho espacio, que si son muy caros, que si envejecen... La llegada de internet tenía que acabar de una vez por todas con los libros, igual que el vídeo mató a la estrella de la radio: que si textos en la nube, que si reproducción fácil y gratuita, que si multiplataforma, que si una nueva narrativa en ciernes... Y aquí siguen los cuadernillos de papel cosidos, igualito que en el siglo XV, disfrutando de una mala salud de hierro. 

Y me diréis qué tiene que ver esa reflexión -¡parrafada!- con la novela gráfica que encabeza este post. Pues que los libros, esos objetos caducos y anacrónicos, han sido los responsables de que haya llegado a mis manos. Como algunos sabéis, trabajo en una librería de Barcelona; a través de una cliente conocí a Nacho Reig justo en el momento después de haber creado una editorial, Dirty Works, que me acercó al trabajo un ejemplar de ese libro inaugural; algo después, en la presentación de uno de los títulos de la editorial en otra librería de Barcelona, Gigamesh, cerveza y whiskey mediante, como no podría ser de otro modo, conocí a Javier Lucini, traductor y la otra media naranja de los Dirty. Resulta que Nacho Reig, afincado últimamente en Andalucía e ignoro por qué complejas afinidades más allá de las de catálogo, conoce a una tal Marga Suárez, editora de Bandaàparte Ediciones, una editorial andaluza que acaba de publicar una novela gráfica en la que la música, los bares y la carretera tienen un papel principal; además, el ilustrador es un tal Antonio J. Moreno, El Ciento, que es el dibujante de las portadas de los libros de Dirty Works. Nacho recuerda que hay un librero en Barcelona interesado en estos temas y le pasa el contacto a Marga, que se pone en comunicación con él, para enviarle un ejemplar... que llega puntualmente a mis manos y en el que descubro a un grupo musical de Jaén, Guadalupe Plata, del que no había oído hablar en mi vida -ahí sí que internet funcionó: para ver algunos vídeos y escuchar canciones del grupo-. Ahora, intenten imaginar esto pero, en lugar de libros -ya saben, esos objetos caducos y anacrónicos-, con archivos de bits bajados al lector electrónico.

Reconozco que la ilustración no es mi fuerte; de hecho, cuando ojeo algún libro ilustrado, tengo tendencia a leer las partes escritas, incluso los bocadillos si es un tebeo clásico, y pasar bastante por alto los dibujos como si se tratara de información adicional o intrascendente. No lo hago a propósito; al contrario, supongo que es debido a un entrenamiento de muchos años leyendo libros convencionales, de los que sólo tienen letra; así que para poder apreciar un texto ilustrado -alguno ha aparecido en este blog-, tengo que obligarme a cambiar el ritmo de lectura y "leer" las ilustraciones como si formaran parte del texto, que es lo que son en realidad.

¿Qué cuenta Leyendas desde el pantano? Pues, de Úbeda a Clarksdale (Mississippi), desde la fundación, con un origen harto curioso, de Guadalupe Plata; algunas actuaciones memorables de sus inicios; su vida en la carretera, mezclando -espero- la realidad con la ficción; la visita a una tienda en Austin buscando la guitarra perfecta; el peregrinaje en reconocimiento a un representante del Blues del Delta -con alguna que otra estrella invitada-. ¿Y cómo lo cuenta El Ciento? En un álbum oscuro como una tumba en el que texto y dibujo, siempre blanco sobre negro, se combinan para dar lugar a un relato tenebroso y gamberro lleno de guiños al blues. 

Quién iba a decir que Andalucía estuviera tan cerca de Luisiana.

Calificación: ****/*****

1 de enero de 2018

R.U.R. Rossum's Universal Robots



R.U.R. Rossum's Universal Robots. Karel Capek. Editorial Males Herbes, 2017
Traducció de Núria Mirabet
El mot robot, actualment d'ús universal, deriva de la paraula txeca robota, que significa, literalment, treball; amb aquest nom es designava, tradicionalment, el període de treball que un servent atorgava al seu amo, generalment 6 mesos l'any. El Diccionari de l'Institut d'Estudis Catalans defineix "robot" con aquella "màquina que pot realizar automàticament una sèrie de moviments i tasques que normalment fan les persones"; aquesta re-definició té l'origen en l'obra de teatre de Karel Capek -tot i que el nom, segons la seva pròpia confessió, va ser una aportació del seu germà Josef- R.U.R. Rossum's Universal Robots, estrenada el 1921.

La literatura i el cinema han explotat amb tanta abundància -i, cal dir-ho, amb més o menys encert- la paradoxa dels éssers mecànics que, a aquestes alçades, algú podria tenir la temptació de titllar R.U.R. d'anacrònica; seria una errada imperdonable com menysprear per la mateixa raó Metropolis de Fritz Lang o Frankenstein de Mary Shelley: els textos fundacionals mai perden el seu valor i, a més a més, han de ser revisitats amb freqüència. No tinc constància de cap traducció al català, al menys en el circuit comercial, de R.U.R., i les castellanes fa temps que no estan disponibles; Males Herbes, tan atents a l'actualitat com respectuosos amb el passat, paga el deute que el món editorial tenia amb els lectors en català.

El tema principal de l'obra parteix de la concepció dels robots com a imitació de la natura, el mite de Pigmalió o de Prometeu de crear un ésser humà, la definitiva igualació de l'home amb Déu. Una aspiració que es dilueix davant la possibilitat de fabricació industrial de rèpliques humanes destinades a ser força de treball -"cada robot substitueix dos obrers i mig"- barata d'elaboració i de manteniment.

A mesura que els robots es fan més hàbils -aquí apareix una altra paradoxa que segur que deu tenir nom...-, esdevenen imprescindibles; des d'aquest moment, tenen la batalla guanyada: l'ésser humà passa a ser superflu. Entre aquestes noves habilitats hi ha la bèl·lica, que els robots utilitzen per a la lluita oberta amb els humans. Contra aquest enfrontament, l'home té dues alternatives: rendir-se i confiar en la clemència dels robots o lliurar-se a l'optimisme antropològic i resistir en nom de l'espècie, sigui quin sigui el resultat del conflicte.

La lliçó està servida: l'obtenció de poder per part de la classe desafavorida condueix a la rebel·lió, i la dependència que han desenvolupat els dirigents els fa vulnerables i els condueix a la derrota; però hi ha grans dosi de glòria en aquesta derrota perquè els robots, els indiscutibles vencedors, acaben enfrontats amb les seves pròpies limitacions, i només la contribució dels supervivents por donar una mica de llum a un futur de tenebres. 

La lectura política és, com podeu suposar, inevitable.

Calificació: Hors catégorie

Altres recursos referents a l'autor en aquest blog:
Notes de Lectura de La guerra de les salamandres